Sobre mi - Las Alas de Samotracia
114
page-template,page-template-full_width,page-template-full_width-php,page,page-id-114,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,columns-4,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-16.7,qode-theme-las alas de samotracia,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive
Sobre mi

Alicia Antón

Me llamo Alicia. Tengo 35 años, soy mamá de Jaime, de 5, y Las Alas de Samotracia me salvaron la vida. A decir verdad me la salvó la escritura.

 

¿Sabéis cual es la frase que más he escuchado a lo largo de mi vida? “Alicia, todo pasa por algo”. Que todo tiene un por qué, todo tiene un motivo, todo forma parte del puzzle de la vida. Y qué más me da que esto forme parte del puzzle de la vida cuando estás perdida, recién separada, te sientes más sola y más fracasada que nunca, y por muchas vueltas que le des, no entiendes nada. Porque cuando tu plan de vida cambia te importa bastante poco que todo forme parte de una especie de plan del universo, tu lo único que quieres es que deje de doler.

 

Es lo bueno que te da el tiempo, PERSPECTIVA.

 

Y es que el puzzle de mi amor duró unos 10 años, que se dice pronto. Por mucho que ocurriera y por muchas piezas que aparecieran o se atascaran en nuestro puzzle nosotros nos manteníamos fuertes, unidos e intensos. Pero llegó un momento en el que intentamos encajar piezas a la fuerza, y el amor, a la fuerza se echa a perder. Se echaron a perder las risas, la complicidad, las miradas, los proyectos, la familia y nuestro amor.

 

Yo pensaba que mi puzzle era perfecto… Que mis piezas encajaban y que mi vida más o menos ya estaba encauzada y sellada. Pero mi matrimonio terminó con una separación al año de mi matrimonio con un bebé de 3 meses.

 

Y el puzzle se rompe y te quedas con un par de piezas porque el resto, que son muchas, ya no encajan. No encajan con nada, pero son parte de ti y el apego es algo que te destruye… Recuerdo ese portazo y el silencio. Con un bebé pequeñito, con tu familia preocupadísima, con algo cercano a una depresión postparto, enamorada y culpable. Porque si algo te atrapa cuando la ruptura llega a tu vida es la culpabilidad, el miedo y el silencio.

 

Nuestro principal problema es que no somos realmente conscientes de las relaciones que tenemos. Entramos en bucles, en monotonías, nos acostumbramos, no somos conscientes ya de lo que damos, de lo que no damos, de lo que permitimos. Y un día echas a faltar tantas cosas. Dónde están los besos, el cariño, el apoyo… ¿Esto no iba de ser un equipo y de cuidar el uno del otro? Claro porque os descubrís como padres, como amantes de nuevo, como las cosas de la casa, el no dormir, biberones, horarios, de no saber hacer las cosas bien… Porque cuando tienes un hijo la vida te cambia. Te cambia a ti y le cambia a él y volvéis a casa con un cuento de Disney en la cabeza y pensando que va a ser la época más bonita de vuestras vidas y de golpe te das cuenta que justo ese MOMENTO es el que ha dejado al descubierto todas las grietas que vuestro puzzle ya tenía desde hace algún tiempo.

 

Por ello, y porque me ahogaba me volqué en la escritura y empecé a escribir en Las Alas de Samotracia. Primero fue el blog, y a nivel privado pero un día decidí compartir mis escritos con el mundo porque necesitaba saber si era la única mujer a la que le estaba pasando todo aquello, a la que el mundo se le venía encima y la que sentía loca, fracasada, culpable y muy sola. Y resultó que no era la única, que había muchas mujeres ahí fuera viviendo las mismas situaciones que yo. O muchas que lo habían superado y me daban aliento. En poco tiempo se formó está comunidad de mujeres llenas de historias, de superación y de apoyo. De esa sororidad que nos ayuda, que nos recuerda que somos capaces de superar cualquier cosa y de que tenemos el derecho y la obligación de cuidarnos, de protegernos y de luchar por volver a ser felices.

 

Lo que yo quiero transmitiros hoy es que es maravillosamente increíble la capacidad de superación que tenemos. El poder conseguir que no duela.

 

Toda esta historia formaba parte de una historia que teníamos que vivir y superar, formaba parte de mi puzzle, pero yo no lo sabía.

 

La vida es lo más jodido que nos vamos a encontrar cada día. Es una ironía pero se va a encargar de despedidas que no queremos, de cambiarnos todos los planes de futuro y nunca jamás avisa de esa última vez. La vida muy pocas veces es como la imaginamos.

 

Y cuando peor estamos tenemos que recordar QUIEN SOMOS porque las verdaderas barreras las rompe una desde dentro, porque el contexto no siempre es el ideal para luchar o para tirar hacia adelante. Es una misma la que debe poner un límite y empezar de nuevo. Estar con personas que te iluminen, que no te apaguen, que multipliquen en tu vida… Y curarte… Junto a tu familia, tus hijos, tus hermanas, tus padres, tus amigas, con esas con las que puedes ser tu misma… Eso CURA. Eso es necesario.

 

He sido yo el cambio que he querido ver, y lo que me ha costado llegar a esa conclusión. Porque nos pasamos la vida achacando a otras personas muchas cosas que nos pasan, y es cierto que nuestra felicidad en ciertos aspectos depende también de otras personas pero una puede decidir no recrearse en el sufrimiento. Puede decidir que ya fue suficiente y empezar de nuevo. Y fluir con lo que tu cuerpo necesita en ese momento y sanar es muy importante, el dolor se enquista y termina matando… Es una enfermedad silenciosa…

 

Puedes estar 3 años, cinco o seis meses llorando a una misma persona o maldiciendo la vida que ya no vas a tener haciéndote mil preguntas que nunca nadie responde. O puedes llorar, sacar la rabia y la tristeza y EMPEZAR A ASUMIR LO ANTES POSIBLE que esa etapa de tu vida se cierra y que tienes que estar preparada para bueno que va a venir. Porque siempre llega algo mejor, algo distinto, algo que te hace volver a ser tú. Y esa sensación también llega por ti misma.

 

Todo en esta vida es poner límites, aprender a despedirse, y enfrentar cada nuevo día con toda la actitud que puedas.

 

Así que recuerda CADA DÍA, que lo mejor está por llegar, porque es un ejercicio diario, RECUERDA CADA DÍA que estás dónde debes estar y respira. Agarra la mano de tu hijo y respira.

 

La vida nos va a poner constantemente al filo. Hay que elegir, elegir volver a ser quien eras, y no a cualquier precio. Porque lo bueno, si les echas ganas, también vuelve.

 

Porque al final, es verdad, todo pasa por algo.