El que se cansa pierde. - Las Alas de Samotracia
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El que se cansa pierde.

Trillones de parejas hay y trillones de modos de ruptura distintas. Millones de personas que saben amar y millones de personas que no aman, destruyen. Que a veces te cuentan algunas historias que te ponen la piel de gallina. De separaciones de auténtica locura. De divorcios que dan mucha tristeza…. ¡¡Que muchas veces piensas con lo que se han querido!! Y piensas que muchas veces es por las circunstancias y es verdad, pero muchas otras veces tiene que ver con QUERER más que con PODER. Hablo de esas relaciones rotas con hijos de por medio. En donde el o los pequeños acaban siendo como pequeñas esponjas que van impregnándose sólo de lo malo, sólo de rencores y rabias. Sólo de lo peor que el ser humano puede llegar a ser cuando odia. Y aún más, cuando odia en el DESamor. Hoy. Como tengo un día de esos en lo que me lo pienso todo y divago sobre el universo y mis circunstancias voy a hablaros un poquito de mí y de mi separación. Muchos ya sabéis que soy mamá, que acabo de soplar los 33 y que tengo un niño (increíble) de tres años y medio. Increíble, si. Porque soy su madre. Si no lo digo yo quien lo va a decir. Me separé cuando él tenía 3 meses y eso ha hecho que tengamos un vínculo muy fuerte porque es mi compañero de piso y de vida. Por todo ello, en casa soy una mamá/papá. Papá existe. Nos cuida y nos ayuda en todo lo que puede porque siempre hemos mantenido y mantenemos una relación lo mas maravillosa que podemos, a pesar de que fue una separación bastante dolorosa. Además, siempre siempre siempre nos ha importado más la felicidad de nuestro hijo, y el llevarnos bien por él, por encima de todo el resto de cosas. Si a eso le unes, respeto y cariño pues el resultado es bastante bueno. No ha sido fácil. NO creas que te lo cuento desde una relación maravillosa en la que nos separamos y todo fue bien no. Ni de lejos. Te hablo de familias que se metieron. Gritos. Reproches. Destrozos. Abogados. Mas gritos. Mas llantos. Acuerdos. Remordimientos. Menos abogados. Mas dialogar. Hablar. Reposar. Respetar. Reencontrar a la persona y ver, en definitiva, lo que realmente importaba e importa. NUESTRO HIJO. El tiempo todo lo cura y si no lo cura, es cierto que todo lo calma. Cuando una relación de muchos años o una relación muy intensa termina y con un bebé, aún más, siempre es muy difícil. Cada pareja tiene siempre sus circunstancias y cada uno sabe el peso que lleva y las cosas que ha podido hacer bien y ha podido hacer mal. Y las que pudo esquivar y no quiso. Yo, cuando me separé, me dije a mi misma que el día que Jaime fuera mayor no quería arrepentirme de haber hecho las cosas mal por haberme dejado llevar por mis sentimientos o mis rencores o esas cosas malas que piensas cuando acabas de separarte y no puedes ver a tu exmarido de una manera “real”. Todo está viciado y lo fácil es hacer daño y terminar usando a esas personitas indefensas como moneda de cambio. No quería que no hubieran fotos de tres. Que no pudiera contarle recuerdos buenos. Que viviéramos ciertas celebraciones cada uno a solas sin el otro. Que él tuviera que elegir entre madre o padre sin poder, si quiera, juntarnos a los dos si él LO NECESITABA. Yo quería contarle todo sin sentirme culpable y sin que Jaime me mirara pensando que podría haberlo hecho mejor. O al menos, de otra manera. Me prometí a mi misma que no sería así. Que tendría una infancia bonita en la medida que de mi dependiera. Bastante tenía ya con los remordimientos y las culpabilidades que sentía junto al matrimonio que dejaba atrás como para añadirle el sentirme así el resto de mi vida por no dejar que el padre de Jaime fuera eso, SU PADRE. Por todo ello y poniendo los dos muchísimo de nuestra parte hemos conseguido a día de hoy tener una buena relación. Hablar las cosas. Negociar. Empatizar, y poder ver las necesidades y la felicidad de Jaime por encima de todo.

En la medida en que podáis. Poner de vuestra parte. Dar todo pensando sólo en la felicidad de vuestros hijos. De vuestro hijo. El tiempo lo cura todo o al menos te da otras perspectivas y en caliente podemos decir tantas cosas. Podemos destrozar tanto y hacernos tanto daño… Y todo el daño que causamos en una pareja rota, todo ese daño añadido a lo que ya son fisuras por todas partes van a ser el peor caldo de cultivo para la infancia de nuestros hijos. Entiendo que hay muchas familias y muchas historias pero el ser humano ha demostrado que puede hacer mucho cuando quiere. Cuando lo hace desde el corazón. Cuando consigue ver más allá del odio y del rencor. Cuando consigue conciliar, es algo que cura el alma. Cura todo lo pasado y te da un poco de paz para olvidar, para continuar adelante y para poder construir otro tipo de felicidad con vuestro hijo. Porque los matrimonio no unen. Los hijos son lo que realmente une para toda la vida y por ellos, si somos capaces de darlo todo, deberíamos de ser capaces de sacar de ese todo LO MEJOR.

 

Porque se lo merecen. Porque están por encima de nosotros mismos y nuestras exigencias y egoísmos. Porque deberíamos darles una infancia que puedan contar con orgullo. De esas “raras” en las que los padres, a pesar de estar separados, hicieron todo lo que pudieron para que su hijo creciera feliz y tuviera una “familia”. La vuestra. Única y especial. Una familia en dos casas. Una familia con respeto y mucho mucho amor. Una historia de familia que merezca la pena recordar.

“Es más fácil crear niños fuertes que reparar hombres rotos.”

Frederick Douglas

Alicia
elhechodevivirdejasecuelas@gmail.com
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